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Ellas y el Papa

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A Milagros Sala le mandó un rosario de consuelo. Luego manifestó su desconcierto por el enojo de muchos argentinos ante ese acto, al que le atribuyó categoría de pastoral.

A Hebe de Bonafini habrá de recibirla en breve, anticipando que si bien “sabe quién es, él recibe a todos”.

A Margarita Barrientos la invitaron a retirarse de la Plaza de San Pedro, según se dijo por alguna “mala compañía”. El Papa manó a su vocero a decir que no tuvo conocimiento de este hecho. Le creemos. No tenemos motivo ni autoridad para no hacerlo. Además, ha sido invitada a concurrir a un evento en el Vaticano, invitación que la trabajadora social declinó por compromisos previamente asumidos. En este caso, “caso cerrado”.

Mas las relaciones con las otras dos mujeres, da par pensar.

Hace un tiempo, se le escuchó decir al Papa que el cargo eclesiástico que más aprecia es el de párroco. Es entendible que por su estilo de conducción, un puesto que implica cercanía con los conducidos lo haga sentir cómodo y a gusto.

También dijo que claro está,  que por su investidura de cabeza de la Iglesia, no puede ni debe actuar como lo hace un párroco.

Sentado ello y, vistas sus actitudes con las señoras Sala y de Bonafini se habilita un directo interrogante: ¿Con estas mujeres públicas argentinas, Francisco se comporta como Papa o cómo párroco?

Desde que se ocupa el Sillón Petrino y, muy a pesar de la voluntad del elegido, en forma  conjunta, concomitantemente y amalgamada con la altísima misión pastoral, se asume  una función política.

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El Papa Francisco y Margarita.

Podemos sostener que a la Iglesia esa confluencia nunca le ha molestado mucho, sino que incluso la ha fomentado. Valga como sobrada muestra, el logro de haber obtenido el reconocimiento del Vaticano como Ciudad Estado, con lo cual, los Papas a la par del liderazgo religioso, necesariamente asumen un rol político de jefe de estado, que, insistimos,  de acuerdo a la experiencia histórica parece no molestarles.

De allí entonces que el Papa no pueda ni deba nunca y en ningún caso, distraerse de los efectos políticos de cada uno de sus actos.

Si los decisorios religiosos tienen un cierto componente político, cuanto más lo tiene aquellos que responden a una función protocolar o de fondo como jefe de estado.

Con ello, tenemos que en su trato con personas públicas cuyos comportamientos se encuentran sometidos a crítica social y política, como así también a juzgamiento  judicial, el pontífice no puede actuar como si fuera el párroco del barrio, repartiendo estampita y recibiendo en la sacristía a la anciana descarriada, puesto que como se apuntara, todas sus palabra, gestos y decisiones pastorales implican, lo quiera o no, un pronunciamiento político directo o metalingüístico.

La apertura y recepción que la Iglesia quiera brindarle a estas dos señoras que con sus actitudes, nunca arrepentidas,  han avasallado los cánones de la religión, asumiendo comportamientos semiplenamente probados como delictivos o directamente ofensivos, de palabra y de hecho, por ejemplo defecando en la tribuna y en la Catedral Metropolitana, deben ser canalizadas con mucha prudencia por parte del Papa, exigiendo un acercamiento previo de aquellas al sacramento de la confesión, extendiéndoles al efecto los servicios de sus autoridades clericales colaboradoras y, precedida de un sincero y público arrepentimiento, por sus errores humanos y terrenales.

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El Papa Francisco, Hebe y Milagros.

No es imprescindible que Bergoglio en forma personal sea quien lleve a estas mujeres a la gracia por el camino de la misericordia. de Iglesia. Si ha decidido hacerlo, seguramente ha asumido el costo de enredarse en una telaraña política, de la que ahora parece querer desentenderse.

Pero:

¿Querrá el Papa Francisco evitar la consabida reacción política ocasionada por su trato personal y preferencial a Sala y Bonafini?

¿Querrá el Papa Francisco impulsar la consabida reacción política ocasionada por su trato personal y preferencial a Sala y Bonafini?

¿Querrá Bergoglio jugar a ser párroco misericordioso sin importarle los efectos políticos que dicho juego  provoca?

¿Querrá Bergoglio jugar a ser párroco misericordioso buscando producir los efectos políticos que dicho juego  provoca?


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Claudio J. Bachur

Abogado, conductor del programa Las Buenas y Las Malas que se emite todos los martes a las 19:00 hs. por www.onradio.com.ar Escribe sobre política, actualidad y temas de interes general. Mail: claudio.bachur@lasbuenasylasmalas.com.ar

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